De la inteligencia artificial a la projimidad: La parábola del Buen Samaritano como clave teológica para afrontar la racionalidad tecnocrática"






García Echeverri, Justo Aníbal, Mario Mazo Gaviria y Víctor Hugo Gómez Yepes. 2026. "De la inteligencia artificial a la projimidad: La parábola del Buen Samaritano como clave teológica para afrontar la racionalidad tecnocrática". Cuestiones Teológicas 53 (119): 1-18. 
https://doi.org/10.18566/cueteo.v53n119.a12.


Con Antiqua et nova se despierta un interrogante fundamental: ¿el uso del sustantivo inteligencia para referirse a la IA hace justicia a su realidad? Hay que convocar a un diálogo sereno obre el uso de este término, pues varias son las aporías que sobresalen al reflexionar sobre su uso.

La primera de ellas está orientada a la noción histórica, filosófica, antropológica y teológica que se ha tenido de la inteligencia, es más que un algoritmo; es razón y volición; psique y coporeidad, pensamiento y relacionalidad. 
La segunda, de carácter estructural: a la fecha no existe “una” IA general, sino diversas IA; por lo tanto, deberíamos hablar del término en plural. Esto posibilitaría superar el temor infundado de que la máquina nos va a colonizar y exterminar. 
Una tercera, entre otras más que pueden exponerse, es humanista: hay que convocar a superar la cultura del dato,  para retornar a una cultura de la projimidad y el amor.

El samaritano que aparece en la parábola de Lucas, es una figura de transgresión. Su acción no brotó del culto, del conocimiento religioso, de su conciencia moral o de una educación rigurosa, como la que, tal vez, pueden tener las autoridades religiosas. Su praxis surge como una respuesta al dolor del otro, por ello se compadece, cree, se acerca, le cura, le cuida sin saber su nombre o su historia. Dicha acción es lo que puede denominarse o comprenderse como transgresión.

Bajo esta figura, Jesús expresa la ausencia de misericordia en la experiencia religiosa cuando esta comienza a institucionalizarse y se va volviendo funcional. Como muestra de ello el sacerdote y el levita no quisieron ser “prójimos”; su doctrina y el cumplimiento de los ritos de purificación les impedía sentir con el otro, compadecerse del otro. Es así como la religión puede volverse un sistema autómata y de funciones vacías. A fin de evitar ese vaciamiento del corazón y del espíritu Jesús invita a vivir la experiencia religiosa desde las relaciones humanas. 
 Conviene acrecentar la práctica del amor y disminuir los ritos.

Bajo esta lógica, la tecnología es la nueva religión del siglo y el actuar samaritano también la cuestiona y transgrede. La tecnología como sistema lógico de dominación crea una nueva jerarquía sagrada en la que también hay sacerdotes, profetas y fieles. Se ha denominado a dicha forma de religión “dataísmo”. En este sistema religioso las relaciones interpersonales se configuran desde el algoritmo, el software, la web, el almacenamiento, la interpretación de datos, la IA. 
El dataísmo “ata” y “religa” al ser humano a relaciones digitalizadas, efímeras, instantáneas en las cuales la única posibilidad de mediación es la web y el dato. La misma inteligencia, entendida como “leer desde dentro”, se ve atrofiada por el exceso de información.

 Por ello, se convoca a transgredir el sistema religioso tecnológico. Para hacerlo se exige la misericordia, la vida en projimidad, reconocer al otro, mirarle a los ojos, compartir y disfrutar de su presencia. El samaritano es una figura ejemplar que nos demuestra lo que el siglo necesita: creer, acercarse, curar. Conviene habitar relaciones de projimidad y distanciarse de toda relación autómata y funcionalista.

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