LA BIOÉTICA TRAS 50 AÑOS: UNA REFLEXIÓN ACERCA DE LA NECESIDAD DE DEVOLVER A LA BIOLOGÍA HUMANA SU SITIO PROPIO
NATALIA LÓPEZ-MORATALLA; MARÍA FONT. LA BIOÉTICA TRAS 50 AÑOS: UNA REFLEXIÓN ACERCA DE LA NECESIDAD DE DEVOLVER A LA BIOLOGÍA HUMANA SU SITIO PROPIO
Cuadernos de Bioética. 2026; 37(119): 103-111
El desarrollo de la Bioética a lo largo de aproximadamente medio siglo permite reconocer, con suficiente perspectiva histórica, la existencia de dos grandes momentos en lo que respecta al lugar que ha ocupado la ciencia positiva dentro del conjunto de los modos de conocimiento humano.
En un primer momento, que puede situarse en el último cuarto del siglo XX, la ciencia fue considerada no solo como el conocimiento más sólido disponible, sino en muchos contextos como el único conocimiento verdaderamente fiable. Esta posición no se limitaba a reconocer el valor metodológico de la ciencia, sino que tendía a absolutizarlo, atribuyéndole la capacidad de responder a cualquier cuestión relevante sobre la realidad. Posteriormente, durante el primer cuarto del siglo XXI, se ha producido un fenómeno aparentemente inverso. La ciencia comienza a ser considerada prescindible o irrelevante cuando sus resultados no respaldan determinadas construcciones ideológicas, o incluso cuando entran en conflicto con ellas. De este modo, la autoridad cultural de la ciencia deja de depender de su capacidad para describir la realidad y pasa a depender de su utilidad para sostener determinados marcos interpretativos previos.
En este contexto histórico e intelectual se hace necesario devolver a las verdades biológicas su lugar propio dentro del sistema global del conocimiento humano y dentro del conjunto de ideas que configuran la Cultura. Solo si la Biología ocupa ese lugar adecuado será posible que la Bioética alcance una verdadera interdisciplinariedad, capaz de integrar simultáneamente el significado natural de los procesos biológicos con su sentido humano.
Precisamente en esa integración consiste el juicio ético en el ámbito de la corporalidad humana. La resistencia de la Naturaleza frente a determinadas manipulaciones no debe interpretarse como una mera dificultad técnica, sino como un indicio de la existencia de límites naturales reales. Estos límites no desaparecen por el hecho de que el ser humano disponga de medios tecnológicos para intentar superarlos. Cuando estos límites se ignoran sistemáticamente, la ciencia corre el riesgo de transformarse en ciencia ficción.
Esta transformación puede verse favorecida por intereses económicos ligados a promesas tecnológicas futuras que, en ocasiones, terminan promoviendo fraudes dentro de la propia investigación científica. El debate en torno a la clonación constituye un ejemplo paradigmático de este proceso. Por otra parte, los argumentos científicos que en un momento determinado permiten afirmar un hecho nunca deben considerarse absolutamente definitivos. La aparición de nuevos datos obliga a revisar y perfeccionar continuamente las argumentaciones. Un ejemplo especialmente relevante en este sentido es la elaboración científica actualizada sobre el carácter personal del cigoto humano y, en conexión con ello, la comprensión de los gemelos monocigóticos.
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