La influencia de los franciscanos en el arte quiteño
El ensayo histórico "La influencia de los franciscanos en el arte quiteño" (1955), escrito por el célebre historiador y crítico de arte ecuatoriano José Gabriel Navarro, es un texto fundamental para comprender los orígenes de la renombrada Escuela Quiteña.
A través de este estudio, publicado originalmente en el boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y preservado digitalmente por la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Navarro expone las siguientes ideas fundamentales:
1º Las órdenes mendicantes como motor artístico
Navarro sostiene la tesis de que las órdenes religiosas, muy especialmente las mendicantes como la de los franciscanos, funcionaron como las palancas más poderosas para el desarrollo cultural y artístico en América Hispánica. El autor afirma que allá donde se establecían los monjes, florecían de inmediato la arquitectura, la pintura y la escultura, convirtiendo los monasterios en focos de civilización y técnica.
2. El Colegio de San Andrés: La primera escuela de Bellas Artes de Sudamérica
Una de las ideas centrales del texto es la tremenda importancia institucional de la escuela fundada inicialmente por los frailes Jodoco Ricke y Pedro Gocial, la cual se elevó en 1553 a la categoría de colegio bajo la advocación de San Andrés (en honor al virrey Andrés Hurtado de Mendoza). Fue el espacio matriz donde se forjó la cultura artística ecuatoriana, institucionalizando la enseñanza formal de la pintura, la escultura, la música, la cantería y la arquitectura (alarifes).
3. La educación del indígena y el mestizo como pilares del arte local
El ensayo destaca cómo los franciscanos integraron activamente a la población nativa y a los hijos de los primeros pobladores en el quehacer artístico. Al enseñarles las técnicas europeas, los franciscanos no solo cumplían una labor evangelizadora, sino que sentaron las bases para que los indígenas y mestizos asimilaran tales destrezas y, eventualmente, aportaran su propia sensibilidad, dando origen al característico sincretismo de la Escuela Quiteña
4. La organización técnica y los gremios
En el siglo XVI, la pintura y la escultura no se consideraban artes liberales, sino oficios manuales o mecánicos. Navarro describe cómo Fray Jodoco Ricke y la comunidad franciscana organizaron rigurosamente estos talleres. Esta estructura dio paso a la formación de gremios especializados (entalladores, encarnadores, pintores, doradores), dotando al entorno artístico de Quito de una disciplina técnica sumamente rígida y profesional que garantizó la altísima calidad de sus obras durante los siglos posteriores.
5. La primacía arquitectónica del Conjunto de San Francisco
Navarro sitúa al complejo arquitectónico de la Iglesia y Convento de San Francisco de Quito como la obra cumbre del siglo XVI en Sudamérica. Sostiene que, al haberse edificado y concluido estructuralmente casi en su totalidad en dicho siglo (hacia 1581), es el monumento histórico básico e indispensable para entender la evolución de la arquitectura colonial en todo el continente, destacando la monumentalidad de su diseño y la riqueza de su decoración interior promovida por la orden.
En resumen, la obra de José Gabriel Navarro demuestra que el arte quiteño no nació de forma espontánea, sino que fue el resultado directo de una planificada estructura pedagógica, técnica y gremial sembrada por la orden franciscana desde los primeros años de la fundación de Quito.
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