Franciscanismo y cuidado del alma
El concepto del cuidado del alma (epimeleia heautou), un tema clásico de la filosofía antigua, es fundamental para entender el primer franciscanismo como una "forma de vida". Según las fuentes, esta noción ha sido rescatada por filósofos contemporáneos como Pierre Hadot, Michel Foucault y Jan Patočka, quienes ven en ella una práctica donde la filosofía no es solo teoría, sino un ejercicio de transformación personal.
En el contexto franciscano, el cuidado del alma se manifiesta a través de los siguientes puntos clave:
1. El cuidado como "práctica de sí"
A diferencia de un cristianismo basado puramente en códigos y obediencia, el franciscanismo primitivo se centró en las prácticas ascéticas. Foucault destaca que las órdenes mendicantes retomaron el comportamiento cínico: un despojamiento radical como testimonio de la verdad. El cuidado del alma aquí no es una huida del mundo, sino una forma de interpelarlo mediante una vida diaria distinta, basada en el trabajo y el servicio.
2. La radicalización de los conceptos antiguos
El franciscanismo no solo conecta con el cuidado del alma de los antiguos, sino que lo radicaliza o transforma en varios aspectos fundamentales:
Del asombro a la gratitud: La admiración filosófica se convierte en gratitud por el don de la vida y de los hermanos.
Del desapego a la pobreza: El cuidado implica vivir "sin propio", centrándose en el uso de las cosas pero renunciando a su propiedad y al dominio que esta conlleva.
De la responsabilidad a la fraternidad: El cuidado de uno mismo es inseparable del cuidado del "hermano menor" y de los marginados, como los leprosos.
De la franqueza a la dulzura: La verdad se expresa no solo con palabras, sino con una amabilidad y paz que brota del corazón.
3. La vida como arte y ejercicio de paz
Para el franciscanismo, la vida misma es pensada como un arte, similar a la vigilancia monástica pero centrada en la horizontalidad y la minoridad. El cuidado del alma exige un trabajo interior para ser verdaderamente pacífico; las fuentes señalan que solo quien es pacífico en su interior puede pacificar el exterior. Este "ser pacífico" es una conquista sobre las pretensiones de dominio y poder, requiriendo una gran fuerza de espíritu.
4. Pobreza y libertad
La pobreza voluntaria es el eje central de este cuidado. Al no poseer nada, el alma se libera de ser poseída por las cosas. Este "vivir sin propio" es una distancia ética que permite una relación con el mundo basada en el uso y no en la explotación o el derecho positivo.
En resumen, el cuidado del alma en el primer franciscanismo consiste en convertir la excepcionalidad del Evangelio en una forma de vida permanente, donde la verdad de la persona se ofrece a través de la franqueza, la amabilidad y un desprendimiento radical del egoísmo dominador.
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