Silencio activo para buscar a Dios
Balthasar señalaba que la fuente de todo decir y de toda estética es la paradoja de que Jesucristo, como Figura de Dios, procede del silencio de la No-Figura:
“De hecho la encarnación de Dios lleva a su plenitud toda la ontología y la estética del ser creado, del que se sirve dotándolo de una profundidad nueva, como lenguaje para expresar el ser y la esencia divinos. En efecto, su lenguaje y su autoexpresión originarios no es aquello que, desde Lutero, nos hemos habituado a designar como la palabra de Dios, es decir, la sagrada Escritura, sino Jesucristo, en cuanto que es el Uno y el Único a quien hay que interpretar en conexión con la historia entera de la humanidad y con la totalidad cósmica de la creación; él es la Palabra, la Imagen, la Manifestación y la Exégesis de Dios que, en cuanto hombre, da testimonio sirviéndose de todas las posibilidades de expresión de la existencia histórica que transcurre entre el nacimiento y la muerte, en todas sus edades y condiciones de vida así como situaciones individuales y sociales. Él es aquello que expresa, es decir, Dios, pero no aquel a quien expresa, esto es el Padre. Paradoja incomparable que constituye la fuente originaria de la estética cristiana y, por consiguiente, de toda estética. ¡Qué capacidad de visión exige y presupone captar este punto originario!” BALTHASAR, HANS URS VON, Gloria. Una estética teológica. 1. La percepción de la forma, Madrid, Encuentro, 1986, 31s.
Cuando González de Cardedal traslada este dinamismo a la palabra humana, comprueba que si ésta quiere ser «fecunda » (Über-wort) debe gestarse en el interior de la «no- palabra» (Un-wort), pues allí es donde se le hará audible la única voz (Wort) que puede reclamar nuestra palabra como respuesta de toda la existencia (Ant-wort).Cfr. GONZÁLEZ DE CARDEDAL, OLEGARIO, “Prólogo” a AVENATTI DE PALUMBO, CECILIA INÉS, La literatura en la estética de Hans Urs von Balthasar. Figura, drama y verdad, Salamanca, Ediciones Secretariado Trinitario, 2002, XV. “Después del escuchar, el silencio activo es condición necesaria para un pensamiento sobre Dios. Silencio que puede convertirse en oración con lágrimas, súplica de ayuda, sosiego activo; un dejar las cosas y dejar de estar beligerando, dominando, siendo sólo desde ellas; un desistir y desasir, un «desprenderse de» y un «renunciar a». (317) Sólo en ese silencio y sosiego activos se crean las condiciones antropológicas y las actitudes psicológicas necesarias para que la voz de Dios sea audible y para que nuestra palabra a él y sobre él sean diferentes a la erupción impudorosa de nuestras apetencias. [...] Denodado y desnudo tiene que quedarse así el hombre ante Dios, antes de ponerse animado y armado a pensar sobre Dios. A la vez tiene también que emprender con tal denuedo y quedarse en semejante desnudez ante la historia y ante su prójimo.” GONZÁLEZ DE CARDENAL, OLEGARIO, Dios, Salamanca, 2004, 318.
P Anadón, XXVII Semana Argentina de Teología “El diálogo de la Teología con la cultura en Argentina y el compromiso en la vida pública II” SEMINARIO 3: LITERATURA ARGENTINA CONTEMPORÁNEA Coordinadora: Dra. Cecilia Avenatti de Palumbo (2009):
De donde concluye el teólogo español que sólo el lenguaje místico –el de la «noche oscura» de San Juan de la Cruz– ofrece una clave de lectura teológica del vacío de Dios que purifica, a fin de dejar que por el camino de la nada aparezca Dios como Dios.
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