¿Romano Guardini?
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En el año 1985, en la conmemoración del Centenario de Romano Guardini (Divagaciones en el centenario de Romano Guardini: entusiasmo e improvisación: Ya, 20/03/1985) González de Cardedal reflexiona sobre la situación de España. Afirma que en ese momento existía una vitalidad espiritual y pastoral fecunda, pero que no iba acompañada en el orden intelectual, porque existía mucha improvisación y poco trabajo sostenido y programado. Se estudiaron y analizaron libros de teólogos que pronto se olvidaban y los autores permanentes eran casi desconocidos, com Rahner, Balthasr, Congar, De Lubac, etc. E incluso las órdenes religiosas olvidaron sus propias tendencias teológicas para incidir en autores que las generaciones posteriores a ellos, ya no oían hablar de ellos. E incluso critica la poca importancia que se dieron a las figuras claves del siglo XIX como Moeller, Newmann o Blondel.
En estas línea quiere reivindicar a un teólogo tachado de personalista y olvidado, asegurando que es una figura decisiva en la Iglesia católica del siglo XX: Romano Guardini, un gran educador, pero sobre todo un hombre de fe “afincada en el Dios Jesucristo, y referida a la iglesia concreta”.
El teólogo afirma de este educador y creyente:
Romano Guardini elevó a criterio sagrado para nuestros días la vieja máxima de Terencio, ahondada así desde la fe: “Cristiano soy y por ello nada de lo humano me es ajeno”. Como cristiano sirvió a la humanidad y como hombre quiso entender y explicitar el cristianismo en la historia.
Romano Guardini representa el teólogo fiel a una vocación, el esfuerzo, la constancia que hace fecunda la verdadera innovación teológica.
En el año 1985, en la conmemoración del Centenario de Romano Guardini (Divagaciones en el centenario de Romano Guardini: entusiasmo e improvisación: Ya, 20/03/1985) González de Cardedal reflexiona sobre la situación de España. Afirma que en ese momento existía una vitalidad espiritual y pastoral fecunda, pero que no iba acompañada en el orden intelectual, porque existía mucha improvisación y poco trabajo sostenido y programado. Se estudiaron y analizaron libros de teólogos que pronto se olvidaban y los autores permanentes eran casi desconocidos, com Rahner, Balthasr, Congar, De Lubac, etc. E incluso las órdenes religiosas olvidaron sus propias tendencias teológicas para incidir en autores que las generaciones posteriores a ellos, ya no oían hablar de ellos. E incluso critica la poca importancia que se dieron a las figuras claves del siglo XIX como Moeller, Newmann o Blondel.
En estas línea quiere reivindicar a un teólogo tachado de personalista y olvidado, asegurando que es una figura decisiva en la Iglesia católica del siglo XX: Romano Guardini, un gran educador, pero sobre todo un hombre de fe “afincada en el Dios Jesucristo, y referida a la iglesia concreta”.
El teólogo afirma de este educador y creyente:
Romano Guardini elevó a criterio sagrado para nuestros días la vieja máxima de Terencio, ahondada así desde la fe: “Cristiano soy y por ello nada de lo humano me es ajeno”. Como cristiano sirvió a la humanidad y como hombre quiso entender y explicitar el cristianismo en la historia.
Romano Guardini representa el teólogo fiel a una vocación, el esfuerzo, la constancia que hace fecunda la verdadera innovación teológica.
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