Jesús hombre
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Walter Kasper, Jesús, el Cristo, Salamanca 1978, 232
"El hecho de que Jesús de Nazaret fue un hombre verdadero
es para el nuevo testamento algo que se presupone con toda naturalidad. Así se habla de que nació de una madre humana, que
creció, tuvo hambre, sed, cansancio, alegría, tristeza, amor, ira,
fatigas, dolores, se vio abandonado de Dios y, por fin, murió.
La realidad de la existencia corporal de Jesús en el nuevo testa-
mento es, pues, un hecho incuestionable y, por eso, no discutido
(con excepción de algunos escritos tardíos), presupuesto sin más.
Pero los escritos neotestamentarios se interesan poco por los detalles de su existencia humana; sobre el exterior y figura de Jesús
o sobre su «vida anímica» apenas si se nos dice algo. Porque al
nuevo testamento no le interesan ni la desnuda realidad de la
vida de Jesús ni los detalles concretos de sus situaciones, sino
el significado salvífico de este verdadero ser hombre. Todo el
interés se centra en decir que en él y por él Dios habló y actuó
de una manera escatológico-definitiva y, por lo mismo, históricamente insuperable, y hasta que Dios estaba en él para reconciliar
el mundo consigo (2 Cor 5, 18). Por eso también la salvación
escatológica de cada hombre se decide en este hombre concreto,
Jesús de Nazaret. «Quien me confiese ante los hombres, a él lo
confesará también el hijo del hombre ante los ángeles de Dios;
pero quien me niegue ante los hombres, él será negado ante los
ángeles de Dios» (Lc 12, 8 s; cf. Mc 8, 38). Esta concretización
del acontecimiento y la decisión salvífica justifica el escándalo de
lo cristiano. «y dichoso quien no se escandalice de mÍ» (Mt ll, 6).
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