San Hermenegildo

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Al cumplirse el milenario de su martirio, el Papa Sixto V, a petición de Felipe II, lo canonizaba el 14 de abril del 1585

Los visigodos habían conseguido afianzar su dominio en España. En el año 573 queda como único soberano Leovigildo, que ocupa el trono durante 14 años. Asoció el gobierno del reino a sus dos hijos, Hermenegildo y Recaredo, pensando que uno de los dos pudiera ser su sucesor.

Los visigodo profesaban la religión de Arrio, presbítero hereje de Alejandría, condenado por la Iglesia Católica en el año 325, durante el Primer Concilio de Nicea. Arrio negaba la divinidad de Jesucristo y la naturaleza de la Santísima Trinidad,

Leovigildo se había casado en segundas nupcias con Godsvinda, viuda del rey Atanagildo, fanática arriana, que odiaba a la joven esposa de Hermenegildo, que era católica y le hacía la vida imposible, con constantes y violentas discusiones. Para evitar esas desagradables escenas en la Corte de Toledo, Leovigildo decide que la pareja se instalara en Sevilla.

Coincidiendo con la marcha de la pareja a Sevilla, Leovigildo incrementa la política religiosa, basada en el arrianismo, deseando unificar su reino en este credo religioso instigado también por el fanatismo de su esposa.

Instalado Hermenegildo, que entonces también profesaba el arrianismo, en Sevilla, como gobernador de la Bética, coincide con San Leandro, que había obtenido la Sede Episcopal de Sevilla, entablándose entre ambos una buena relación de amistad.

Merced a las constantes insinuaciones de su esposa y al trato con San Leandro, Hermenegildo va penetrando en la auténtica revelación cristiana y descubriendo la falsedad de la doctrina arriana. Hermenegildo acaba por fin abjurando de la herejía y es bautizado por San Leandro, imponiéndole el nombre cristiano de Juan.


Pero la persecución llevada a cabo por Leovigildo contra los cristianos, en lugar de fomentar la unidad nacional como él esperaba, ahondó mucho más profundamente las grietas de la separación y enterado de la conversión de su hijo al cristianismo, cunde la alarma en Toledo y entonces manda llamar a su hijo, pero Hermenegildo no se presenta. La división entre padre e hijo se hace cada vez mayor, llegando al enfrentamiento bélico.

Hermenegildo, en vista del cariz que iban tomando las cosas, trató de poner a salvo a su esposa y a su hijo en territorio bizantino y después de algunos enfrentamientos con las huestes de su padre, estando en Córdoba, se presentó su hermano Recaredo, diciéndole que si se postraba ante su padre, éste le perdonaría la vida.

Acudió Hermenegildo a Toledo, sin sospechar que entre su padre y su hermano le habían tendido una trampa. Fue apresado y llevado a una cárcel, primero en Toledo, luego en Valencia y por último en Tarragona, donde fue decapitado por negarse a abrazar la doctrina arriana.

En el 586 fallecía Leovigildo, recomendando a su hijo Recaredo la conversión a la religión católica, con el fin de unificar el reino, cosa que Recaredo hizo el 8 de mayo del 589. La sangre de Hermenegildo no había sido derramada en vano.

Unos peregrinos informaron de su martirio al Papa San Gregorio y este gran pontífice dejó de él un elogio admirable, cosa que apenas hicieron en España.

Al cumplirse el milenario de su martirio, el Papa Sixto V, a petición de Felipe II, lo canonizaba el 14 de abril del 1585.

Reflexión desde el contexto actual:

La figura de S. Hermenegildo nos trae a la memoria cuánta sangre costó la reconstrucción de la España católica. Debido a aviesas intenciones y en parte también a una supina ignorancia histórica, no valoramos debidamente lo que con mucho esfuerzo se consiguió. Tristemente se ha relegado al olvido, inconscientemente, o de forma inducida, lo mucho que se ha perdido en orden a los valores patrios

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