León XIV en el Bernabéu


«SE PUEDE VOLVER A LA FE O CONOCERLA POR PRIMERA VEZ EN LA EDAD ADULTA»

«Sed como una Biblia abierta»: León XIV traza en el Bernabéu la hoja de ruta para evangelizar Madrid

El Papa trazó en el Bernabéu las claves para evangelizar las grandes ciudades: recuperar «el arte de ser cordiales», abrazar la diversidad como riqueza y confiar en que la fe sigue transformando vidas adultas.

(InfoCatólica) El Papa pidió a la comunidad diocesana madrileña que recupere «el arte espiritual de ser cordiales» para evangelizar una ciudad plural, y animó a acoger las conversiones de adultos «no como una excepción, sino como la regla de la misión».

León XIV convirtió el Estadio Santiago Bernabéu en escenario de un encuentro multitudinario con la comunidad diocesana de Madrid la tarde de este lunes 8 de junio, cuarto día de su viaje apostólico a España. Ante miles de fieles, el Pontífice pronunció un discurso pastoral en el que trazó las líneas de una Iglesia llamada a abrirse paso en el corazón de las grandes ciudades modernas con un mensaje claro: la cordialidad, la alegría y la apertura a los nuevos comienzos son las claves de la evangelización urbana.

«La bondad, aunque sea de unos pocos, puede vencer el miedo de muchos», afirmó el Papa, que cerró su intervención con una imagen que condensó el tono de toda la velada: «Sed, para todos, como una Biblia abierta: que en vuestros rostros y en vuestra vida se pueda encontrar la Palabra de Dios».

El arte de la polifonía

León XIV describió la velada como «un gran himno de fe» y agradeció al Arzobispo de Madrid, José Cobo, haber introducido la parábola del canto como hilo conductor. «Los números, los datos y los hechos no son suficientes para generar comunidad», señaló el Papa, recogiendo las palabras del prelado madrileño. «Nuestro corazón necesita cantar, es decir, interpretar los acontecimientos y las situaciones celebrando con los demás el sentido que irradian».

El Pontífice situó la liturgia como el espacio privilegiado donde ese canto comunitario se hace posible, pero extendió la imagen al conjunto de la vida diocesana: la Iglesia de Madrid testimonia el Evangelio en la capital de un gran país europeo, «destino de millones de visitantes y de hermanos y hermanas en busca de nuevas oportunidades». La alegría cristiana, insistió, no puede reducirse a una emoción pasajera, sino que debe convertirse en «un modo estable de ser, en un sentimiento profundo que renueva a las personas, a los grupos y a la comunidad diocesana».

«También hoy el amor de Cristo nos apremia (cf. 2 Co 5,14)», recordó, explicando que el verbo griego empleado por san Pablo, synèchei, significa además «nos cautiva», «nos mantiene unidos», «nos posee», y llama así a la responsabilidad de la acción.

El Bautismo transforma y la diversidad edifica

León XIV se detuvo en el poder transformador del Bautismo a partir de los testimonios escuchados durante la velada. Este sacramento, afirmó, hace que los dones y capacidades de cada persona dejen de ser un bien privado y se orienten al servicio y al bien común, sin producir nunca uniformidad. El Nuevo Testamento, subrayó, da testimonio «en la variedad de sus voces, de la comunión en la diversidad, es decir, de la comprensión que desapareció en Babel».

Enlazando con su encíclica Magnifica humanitas, el Papa propuso la figura bíblica de Nehemías como modelo para la reconstrucción de la convivencia en sociedades plurales. «Hoy, reconstruir significa reconocer que, en la pluralidad de voces y visiones que a veces recuerda la dispersión de las lenguas, existe, sin embargo, una posibilidad luminosa: la de edificar juntos, transformando la diversidad en un recurso», citó del número 10 del documento.

En esa obra compartida, añadió, los cristianos encuentran su forma propia de construir: «orientar la acción hacia Dios, para que, bajo su luz, el pluralismo no se disperse en el desorden, sino que, en la práctica de la sinodalidad, se convierta en el espacio en el que la humanidad recupere sus cimientos sólidos y su fin último».

Evangelizar el corazón de la ciudad

El Papa dedicó una parte central de su discurso a la relación entre la Iglesia y la ciudad, que, afirmó, «cobra aún mayor importancia en el cambio de época que estamos viviendo». La misión cristiana en las grandes urbes se desarrolla en medio de «una cultura inédita» que «late y se elabora», según la expresión de la exhortación Evangelii gaudium que el propio Pontífice recuperó.

«Para llegar al corazón de la ciudad hay que cultivar la conciencia de que la verdad es sinfónica y siempre nos supera», explicó, invitando a buscar al Resucitado «que siempre va por delante de nosotros, nos precede y tal vez ya esté presente donde aún no lo hemos buscado». Sin esa búsqueda, advirtió, «no hay evangelización».

Fue entonces cuando pronunció una de las frases más citadas de la noche: «Hay que volver a aprender el arte espiritual de ser cordiales, sin el cual incluso el anuncio del Evangelio corre el riesgo de convertirse en una repetición impersonal y, al perder eficacia, deja espacio a la frustración y la desconfianza».

Conversiones adultas y discernimiento comunitario

Uno de los momentos más destacados del discurso llegó cuando León XIV abordó el fenómeno creciente de las conversiones de adultos. «Tened confianza en el hecho, cada vez más evidente, de que se puede volver a la fe o conocerla por primera vez en la edad adulta», aseguró, pidiendo a la Iglesia madrileña que se disponga «a acoger los nuevos comienzos no como una excepción, sino como la regla de la misión».

El Papa defendió a continuación el valor de los consejos parroquiales y diocesanos como espacios de discernimiento, no de burocracia. «Sería una lástima reducirlos a meros trámites burocráticos», advirtió. «Son espacios de escucha recíproca para el ejercicio del discernimiento, sin el cual no sólo cada uno va por su camino, sino que corremos el riesgo de no comprender dónde nos quiere el Señor».

En una exhortación dirigida específicamente a los presbíteros, les animó a reconocer el discernimiento comunitario como «una de las mayores oportunidades que la sinodalidad ofrece a su ministerio» e invitó a detenerse regularmente con el pueblo para «interpretar la vida de los barrios, los cambios culturales, las tensiones sociales y las prácticas eclesiales a la luz del Evangelio».

La música del Evangelio

León XIV cerró su discurso evocando los testimonios que habían marcado la velada, entre ellos el de una mujer peruana que llegó a Madrid con temor a acercarse a la Iglesia por los prejuicios que había oído y terminó sintiéndose «acogida con los brazos abiertos».

«He aquí la Iglesia, queridos hermanos y hermanas. He aquí la música del Evangelio, con su ritmo contagioso», proclamó. Y concluyó con la invitación que vertebró todo el encuentro: «El amor, efectivamente, es el lenguaje que hace que todos se sientan como en casa».

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