Diferencia entre los evangelios canónicos y los apócrifos
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En los primeros tres siglos de la historia del cristianismo no existía un único libro llamado "Biblia". Circulaban docenas de textos, cartas y relatos sobre Jesús. Algunos eran serios, pero otros eran historias fantásticas o libros con ideas muy extrañas (por ejemplo, relatos donde el niño Jesús hacía pajaritos de barro y los hacía volar, o donde mataba con la mirada a los niños que lo molestaban).
Hacia el siglo IV, la Iglesia tuvo que poner orden y decidir qué textos representaban con fidelidad la fe cristiana. Para elegir únicamente a Mateo, Marcos, Lucas y Juan y dejar fuera a los llamados evangelios apócrifos, aplicó cuatro criterios muy claros y lógicos:
Los 4 filtros que tuvieron que pasar
1. Origen apostólico (¿Venía de testigos directos?)
El texto debía haber sido escrito por un apóstol (como Mateo o Juan) o por alguien muy cercano a ellos (como Marcos, que era colaborador de Pedro, o Lucas, compañero de Pablo).
- Los apócrifos: La mayoría se escribieron entre 100 y 200 años después de la muerte de Jesús. Para ganar autoridad, sus autores verdaderos les ponían nombres falsos como "Evangelio de Tomás", "Evangelio de Judas" o "Evangelio de María Magdalena", pero la Iglesia supo que no venían de testigos de primera mano.
2. Uso continuo en la comunidad (El respaldo del público)
Un texto solo se aceptaba si la inmensa mayoría de las comunidades cristianas de todo el Imperio Romano (en Roma, Alejandría, Antioquía, Grecia, etc.) ya lo leía y usaba habitualmente en sus reuniones de oración desde hacía décadas.
- Los apócrifos: Eran libros que solo usaban pequeños grupos cerrados o sectas específicas.
3. Coherencia con la fe (Regla de fe)
El contenido del libro tenía que encajar con lo que los apóstoles habían enseñado siempre sobre Jesús: que era plenamente humano y plenamente divino, que nació, sufrió, murió y resucitó de verdad.
- Los apócrifos: Muchos de estos libros pertenecían a corrientes como el gnosticismo. Enseñaban cosas radicalmente distintas, como que el mundo físico era malo, que Jesús no tenía un cuerpo humano real (sino que era un "fantasma") o que solo vino a traer un "conocimiento secreto" para unos pocos elegidos.
4. Antigüedad
Los cuatro evangelios oficiales se escribieron en la segunda mitad del siglo I (aproximadamente entre el año 65 y el 95 d.C.), muy cerca en el tiempo a los eventos reales.
- Los apócrifos: Casi todos son del siglo II, III o IV d.C., redactados cuando los testigos originales ya llevaban mucho tiempo muertos.
En resumen
La Iglesia no "prohibió" o "ocultó" evangelios por un complot o por guardar secretos. Simplemente hizo un trabajo de filtro histórico y teológico: se quedó con los textos más antiguos, más difundidos y directamente conectados con los primeros apóstoles, y descartó los relatos tardíos que alteraban el mensaje original de Jesús.
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