Influencia del franciscanismo en el Barroco:Murillo y Zurbarán
La influencia del misticismo franciscano en la pintura del Barroco español encuentra en Francisco de Zurbarán y Bartolomé Esteban Murillo sus dos expresiones más elevadas, aunque desde sensibilidades estéticas y teológicas complementarias.
Mientras Zurbarán plasmó la vertiente ascética, sobria y contemplativa de la Orden de los Frailes Menores, Murillo encarnó su dimensión afectiva, cercana y mariana.
Ambos artistas articularon la visión franciscana en el arte del siglo XVII a través de conceptos teológicos y estéticos clave:
Francisco de Zurbarán:
El ascetismo místico y la contemplación
Zurbarán captó como ningún otro pintor la austeridad de la reforma capuchina y franciscana. Su pintura abandona el dramatismo convulso para centrarse en el silencio, el recogimiento interior y la presencia del misterio divinizado en lo cotidiano.
La meditación y el Memento Mori:
Sus representaciones de San Francisco de Asís (como San Francisco en oración o San Francisco con la calavera) muestran al santo sumido en la meditación sobre la muerte y la fragilidad humana. El hábito de sayal basto, de pliegues rígidos y esculpidos por la luz tenebrista, actúa como una coraza estética que aísla al santo del mundo terrenal.
El valor de lo cotidiano (Paupertas):
Siguiendo la premisa franciscana de ver a Dios en las cosas más humildes, Zurbarán trata los objetos inanimados con una dignidad sagrada. Los bodegones integrados en sus escenas religiosas (jarras de barro, platos, cestas de pan) transmiten una mística del silencio donde la materia refleja la luz divina.
El éxtasis sobrio:
Frente al arrobamiento barroco de corte italiano, el éxtasis en Zurbarán es introspectivo. Las figuras franciscanas no gesticulan violentamente; la vivencia mística se manifiesta en miradas perdidas, manos entrelazadas y una iluminación intensa que contrasta con fondos oscuros e indeterminados.
Bartolomé Esteban Murillo: La mística afectiva, la caridad y el dogma inmaculatista
Murillo, fuertemente vinculado a las cofradías franciscanas y a la Venerable Orden Tercera de Sevilla, tradujo el pensamiento franciscano a un lenguaje visual cálido, cotidiano y profundamente humanizado.
La piedad afectiva y la proximidad a la Pasión:
En obras como San Francisco abrazando a Cristo en la Cruz, Murillo sintetiza el eje del misticismo franciscano: la contemplación de la humanidad de Cristo. El abrazo no es una escena histórica, sino una visión mística del amor recíproco y la renuncia al mundo (representada por el pie de San Francisco hollando el globo terráqueo).
Defensa del dogma inmaculatista:
Los franciscanos fueron los grandes defensores de la Inmaculada Concepción. Murillo fijó el modelo iconográfico definitivo: la Virgen vestida de blanco (pureza) y túnica azul (eternidad), rodeada de un romper de nubes doradas y ángeles con atributos marianos. Esta imagen transmitía la teología franciscana de manera accesible y emotiva para el fiel popular.
La caridad y el servicio al necesitado:
La mística franciscana no termina en la contemplación, sino que se proyecta en la acción. En pinturas como San Diego de Alcalá dando de comer a los pobres o San Juan de Dios, Murillo retrata la santidad franciscana manifestada en el cuidado directo del enfermo y del desvalido, envolviendo a las figuras de la calle en una luz dorada y vaporosa.
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