CONSTANTINO I
COPIADO DE https://historia.nationalgeographic.com.es/a/quien-fue-primer-emperador-cristiano-historia_27079
Este emperador romano transformó un imperio pagano en el bastión del cristianis
Constantino I transformó un imperio pagano en el bastión del cristianismo tras una visión mística, pero su vida estuvo plagada de intrigas y asesinatos.

Estatua de Constantino en Nueva York.iStock
La Roma del siglo III era un imperio de alma pagana, donde los cristianos eran una minoría perseguida, e incluso arrojada a las fieras en el Coliseo. Pero, en cuestión de unas pocas décadas, el panorama dio un giro de 180 grados. Las catacumbas secretas dieron paso a imponentes basílicas, y el símbolo de la cruz se impuso a las tradicionales águilas imperiales. Y el arquitecto de todo este cambio fue Flavio Valerio Aurelio Constantino, Constantino I el Grande.
Nacido alrededor del año 272 d.C. en Naissus (la actual Niš, en Serbia), Constantino era hijo del oficial romano Constancio Cloro y de Helena, una mujer de orígenes humildes que pasaría a la historia como Santa Elena. Pero el camino de Constantino hacia el trono y hacia la cruz tiene un dibujo más parecido al de un tablero de ajedrez bañado en sangre.
El sueño que cambió el mundo
En octubre del año 312 d.C. Constantino se preparaba para enfrentarse a su cuñado y rival, Majencio, a las afueras de Roma en una época en la que el vasto Imperio romano se encontraba fragmentado. Según los cronistas cristianos Lactancio y Eusebio de Cesarea (este último denominado padre de la historia de la Iglesia), la víspera de la batalla del Puente Milvio, Constantino miró al cielo y vio una cruz de luz sobre el sol con una inscripción en griego que decía: 'In hoc signo vinces' (Con este signo vencerás).

Esa misma noche, según los mismos relatos, Cristo se le apareció en sueños ordenándole que marcara los escudos de sus soldados con el crismón (el monograma formado por las letras griegas Chi y Rho, las dos primeras del nombre de Cristo). Atento a su sueño, Constantino obedeció y sus tropas acabaron aplastando a las de Majencio, quien murió ahogado en el río Tíber. Tal fue su victoria que entró en Roma convencido de que el Dios de los cristianos le había dado el triunfo.
Edicto de Milán
Con estos inicios, al año siguiente, en el 313 d.C., Constantino y su coemperador Licinio promulgaron el famoso edicto de Milán, cuyo documento no convirtió al cristianismo en la religión oficial del Estado (eso lo haría Teodosio décadas después), pero sí legalizó su práctica y ordenó la devolución de los bienes confiscados a la Iglesia.
Si se trató de fe ciega o pragmatismo político es cuestión de debate. En aquel momento, los cristianos apenas representaban entre el 10 % y el 15 % de la población del Imperio pero a la vez, constituían una red increíblemente organizada y extendida por las principales rutas comerciales. Constantino como buen estratega, comprendió que unificar el imperio requería unificar también su espíritu.

¿Esconde algún oscuro secreto la conversión de Constantino I?iStock
Luces y sombras del 'primer emperador cristiano'
Lo cierto es que, a pesar de su apoyo a la Iglesia, Constantino mantuvo el título pagano de Pontifex Maximus (Pontífice Máximo, máxima autoridad religiosa de la antigua Roma); además, el arco de Triunfo que erigió en Roma para celebrar su victoria no contiene ni un solo símbolo cristiano, sino relieves de dioses como Apolo y Diana. Es más, hasta el año 318 d.C., las monedas imperiales seguían mostrando la efigie del Sol Invictus (el Sol Invicto), un culto pagano muy popular entre las legiones.
Y luego está su lado más oscuro. En el año 326 d.C., el emperador ordenó ejecutar a su hijo mayor, Crispo, con veneno, y poco después hizo asesinar a su segunda esposa, Fausta, asfixiándola en un baño de agua hirviendo ante los rumores de que ambos mantenían un romance. Para borrar su rastro, Constantino aplicó la damnatio memoriae, eliminando sus nombres de los registros públicos; algo que quedaba lejos del perdón y de la misericordia tan característicos del cristianismo.
El Concilio de Nicea
A pesar de estos y otros pecados, su impacto en la cristiandad fue impresionante. En el año 325 d.C., convocó y presidió el Primer Concilio de Nicea del que surgió el Credo Niceno, pilar fundamental del cristianismo moderno. Poco después, en el año 330 d.C., trasladó la capital del imperio a la antigua Bizancio, rebautizándola como Constantinopla (la actual Estambul). Esta "Nueva Roma" fue diseñada desde cero como una ciudad cristiana, libre del peso de la aristocracia pagana de la vieja Roma.
Constantino el Grande murió el 22 de mayo del 337 d.C. Dejando una última curiosidad vital. Esperó hasta estar en su lecho de muerte para bautizarse, como moneda para asegurarse un billete limpio de infracciones al más allá. Irónicamente. Así que, en sus últimos suspiros fue bautizado por Eusebio de Nicomedia.
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