Humanizar: armonizar y aquilatar el inquieto corazón



Silva Rivera, J. A. (2026). Humanizar: armonizar y aquilatar el inquieto corazón. Revista De La Universidad De La Salle, 96, 1-18. https://doi.org/10.19052/

Este artículo continúa la reflexión iniciada en el artículo “Humanizar: superar la inteligencia ciega” (2016), en el que se planteó que no puede existir humanismo sin formación humanística y que una visión puramente racionalista resulta insuficiente para afrontar las crisis contemporáneas. En esta nueva entrega, se propone que humanizar implica reconocer la inquietud del corazón, aprender a escuchar su desasosiego y armonizarlo en la ternura y la esperanza, hasta descansar en la certeza de que la voluntad de Dios es siempre amor, como lo enseña la tradición lasallista.

El texto desarrolla un proyecto civilizatorio de largo aliento: un humanismo regenerado que se nutre de la conversión ecológica y que integra tres dimensiones fundamentales: (1) la dimensión espiritual, que exige un cambio de mentalidad y de corazón más allá de prácticas superficiales, (2) la dimensión social, que demanda transformar estructuras económicas y políticas que generan depredación ambiental, y (3) la dimensión ética, que prioriza valores absolutos y fortalece la capacidad de discernimiento axiológico.

Edgar Morin, Humberto Maturana, Adela Cortina y Leonardo Boff, junto a maestros espirituales, como san Agustín, san Juan de La Cruz y san Juan Bautista de La Salle, son convocados para mostrar que la afectividad, el amor y la cordialidad no son adornos sentimentales, sino condiciones ontológicas y biológicas de lo humano. La escuela, en este sentido, no debe ser fábrica de monstruos educadísimos, sino espacio de salvación integral, donde se teja la fraternidad universal y la conversión ecológica.

Humanizar es, en síntesis, armonizar el corazón inquieto con la inteligencia, con el otro y con el mundo. Solo así se podrá superar la inteligencia ciega y construir una civilización fundada en la ternura, la fraternidad y el cuidado de la casa común, para responder a los desafíos de la complejidad contemporánea.

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