Silencio activo para buscar a Dios
Balthasar señalaba que la fuente de todo decir y de toda estética es la paradoja de que Jesucristo, como Figura de Dios, procede del silencio de la No-Figura: “De hecho la encarnación de Dios lleva a su plenitud toda la ontología y la estética del ser creado, del que se sirve dotándolo de una profundidad nueva, como lenguaje para expresar el ser y la esencia divinos. En efecto, su lenguaje y su autoexpresión originarios no es aquello que, desde Lutero, nos hemos habituado a designar como la palabra de Dios, es decir, la sagrada Escritura, sino Jesucristo, en cuanto que es el Uno y el Único a quien hay que interpretar en conexión con la historia entera de la humanidad y con la totalidad cósmica de la creación; él es la Palabra, la Imagen, la Manifestación y la Exégesis de Dios que, en cuanto hombre, da testimonio sirviéndose de todas las posibilidades de expresión de la existencia histórica que transcurre entre el nacimiento y la muerte, en todas sus edades y condiciones de vi...